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16 de septiembre de 2017

Génesis del viaje de Cristóbal Colón

La primera pregunta que puede formularse cuando se piensa en  la génesis  del  viaje de Colón es cómo  y por  qué nació  en él la idea del viaje a las Indias navegando hacia el oeste; en qué ambiente, bajo el impulso de qué acontecimientos, en qué situación de conjunto se forjaron sus proyectos, y, finalmente, qué conocimientos científicos y qué medios técnicos hicieron posible estos viajes. Solo respondiendo a estos interrogantes, todo lo que puede parecer casual -y que, al menos en parte, fue real­mente  casual, encuentra  una  justificación y un sentido.
Ante todo, no  debemos  aislar la aventura de Colón del vasto complejo de los  anteriores descubrimientos geográficos. Cristóbal Colón tiene, evidentemente, un papel de primer plano en este movimiento desencadenante; pero no es el único  y,  separado del conjunto, no puede servir  para  explicar totalmente las causas por las cuales representó uno de los elementos más importantes de la extraordinaria expansión europea en el mundo. Sólo  si  se  abandona por un momento al protagonista y se analizan las fuerzas reales que lo encuadran se puede llegar a descubrir la relación dialéctica que siempre se establece entre el hombre agente (cualquiera sea su  dimensión) y el mundo que lo rodea. El de Colón es un mundo que busca un ordenamiento, que busca nuevas vías para salir definitivamente de la larga crisis de estructura económicas, sociales e institucionales - que, iniciada a principios del siglo XIV, se había resuelto en un período de restauración  característico de todo  el siglo xv.

Pero  es  preciso  advertir  que  aquí,  crisis no significa  golpe mortal, ruptura  irreversible,  fractura  definitiva.   La  palabra  deberá entenderse más bien en el sentido de oposición  de fuerzas  (en primer  lugar entre feudalismo, burguesía incipiente y mundo campesino)  que se encuentran  en relación de  contradicción  interna.   El resultado  final de todo esto había sido una  gran desestructurización de las clases sociales existentes, la clausura de viejas vías comerciales, el abandono de tierras cultivables  y ya cultivadas, una reducción de las disponibilidades alimenticias, un descenso del nivel  -ya modesto-  de  higiene,  que  se había  convertido  en una  serie  de epidemias (la más famosa de todas ellas fue la peste negra que duró desde 1348 a 1349) : en síntesis, Europa, en el curso del siglo  XIV  había  perdido  una  gran parte  de su población (aproximadamente la mitad) ; los sobrevivientes, en todos los niveles sociales,  estaban  apresados  por  angustias  de todo tipo.
Ya en el curso del siglo xv comienza una profunda obra de reconstrucción económica, social y política y comienzan a cicatrizar las heridas inferidas a Europa durante el siglo precedente. Desde el punto  de vista interno de la historia europea, el desarrollo de un proceso bisecular había llegado a su término y, a  fines de siglo  xv, los tiempos  se  presentaban  maduros  para el salto transatlántico.
Pero      existen también otros elementos. Desde el punto de vista externo, el afirmarse de una potencia turca  en  la  frontera oriental de la Europa católica reintroduce, por  un  lado,  un  deseo  de  cruzada, reprimido por los estrepitosos éxitos de los ejércitos musulmanes que,  en 1453, ocupan Constantinopla; por otra parte, la consolidación de este imperio, militarmente fuerte, rápidamente estructurado desde el punto de vista administrativo, significa de  hecho  el fin  de toda idea  de expansión  de  Europa hacia el este: por lo tanto ya no existe, tanto para las conquistas espirituales como para las materiales, otro camino que el de la navegación atlántica .

La primera expansión portuguesa representa maravillosamente cuanto hemos  dicho aquí: se podría  imaginar,  casi ver a Europa, sufrir los primeros escozores bajo el asalto turco y la repercusión de este, hasta alcanzar España y más aún Portugal.  Ex­tendido a lo largo del Atlántico, este último país es el que tiene más posibilidades de lanzarse al  descubrimiento de nuevos mundos.  Por  cierto, todo  esto  está  dicho  de manera quizás demasiado rápida y merecería ser expuesto y demostrado más claramente.   Pero lo innegable es que en Portugal se afirma lo que puede ser llamado sin dudas, la pre-historia de los grandes des cubrimientos. 

Resumiendo , podemos propo­ner el siguiente esquema, que será general y aproximativo pero de todas maneras vá­lido: los asaltos sucesivos y repetidos de la potencia turca contra una Europa cris­tiana ya devastada por problemas internos; repercusiones de estos asaltos por toda Eu­ropa, acompañados del renacer paradojal de una voluntad de cruzada y de la exi­gencia de encontrar en otros lados un des­ahogo a sus necesidades y a sus ambiciones de expansión espiritual y material; el pun­to extremo en el que repercuten las ondas de estos asaltos es la costa occidental de la península ibérica :Portugal, que también atraviesa por graves dificultades internas. 
Para ilustrar este esquema se podrá apelar, entre miles de pruebas, al hecho de la afluen­cia hacia Portugal de numerosas casas comerciales genovesas ya establecidas en el Levante y, por otra parte, ¿no es acaso significativo que el mismo Colón inicie su carrera marina de largo alcance en el Me­diterráneo oriental y pase después a Lis­boa?
La insistencia que  hemos puesto en este esquema no  pretende, por  cierto,  reducir la importancia de factores "internos", es­trictamente portugueses que actuaron para poner en movimiento y sostener la  expan­sión  lusitana  en  las  costas  africanas:  necesidad de oro, de colorantes, de mano de obra esclava, de zonas de pesca, de zonas para el cultivo de la caña de azúcar. Pero es indudable que estos factores internos, aunque muy importantes, fueron impulsa­dos y estimulados justamente por causas externas.
Finalmente, se podría agregar que la tipo­logía de las conquistas portuguesas traduce las contradicciones internas del país: ex­pansión de la nobleza hacia  Marruecos,  a la conquista de tierras; expansión burguesa a lo largo de todas  las costas  del África. Y, obviamente, es este último continente el que debe interesamos en ·primer  lugar: para no dar aquí un estéril conjunto de datos, recordaremos solamente que el Cabo Bojador fue alcanzado en 1434, el Cabo Blanco en 1441, el Cabo Verde  en  1444, el  Cabo de las Palmas en 1460-61, el Cabo Cata­lina en 1474-5. El reconocimiento completo de las costas ·africanas finalizará en 1488 con Bartolomé Díaz, que doblará el Cabo de Buena Esperanza.




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