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26 de diciembre de 2012

Análisis-resumen de Los suicidas de Antonio di Benedetto

Análisis-resumen de Los suicidas de Antonio di Benedetto


Esta novela de Antonio Di Benedetto parte de una coincidencia: el narrador protagonista es un periodista cuyo padre se suicidó a los treinta y tres años, edad que él está próximo a cumplir. El jefe de redacción del diario donde trabaja, después de mostrarle tres fotos de suicidas, espera de él alguna observación sagaz, la cual por fin llega: ''Miran como si miraran para adentro, pero con horror. Están espantados, tienen el espanto en los ojos, y sin embargo, en la boca se les ha for­mado una mueca de placer sombrío". 

Esta respuesta es el embrión de una serie de notas sobre el suicidio y los suicidas, pero es también la apertura de una investigación: averiguar quiénes son los suicidas, co­nocer su historia y, más allá aún, delinear el perfil antropológico del acto suicida; entonces, le asignan una compañera de trabajo, Marcela, quien junto con los demás integrantes del periódico formarán la cohorte que desplegará la tarea encomendada: Bibi, la traductora de la agencia, poseedora de una me­moria indeleble, irá proporcionando diversos testi­monios; Julia, con quien mantiene una relación amo­rosa, aportará como colaboración las redacciones de sus alumnos con sus figuraciones de la muerte y el suicidio; Blanca, policía científica, es una más de los que integran el equipo.

La novela coordina dos historias casi paralelas: la de la investigación de los casos de suicidio y la de la relación del narrador-protagonista con Marcela. La primera se basa en cuatro casos de suicidios: el de los estudiantes de la colina, el padre de uno de los cuales consiente en ayudar a Marcela; el del joven que se quiere arrojar desde el sostén de un cartel monumental; el de Adriana Pizarro, la maes­tra, y el de Juan Tifus, cuya foto estremecedora con­mueve por la mirada de espanto y la sombría mueca de placer en las que nadie reparó. Los dos últimos casos son los de mayor importancia para el desarrollo narrativo.
Para reconstruir el caso de Adriana Pizarro entre­vistan a su hermana, María Pizarro, y a su hermano Eduardo. Como las versiones que proporcionan los hermanos difieren, el relato alcanza un matiz neta­mente policial al intentar desentrañar la verdadera. Emilia, la sobrina de Adriana, es quien por fin los ayuda a armarla.

El suicidio de Juan Tiflis ofrece otras dificultades; solamente cuentan con el testimonio de la señora Tiflis, la esposa, quien va rememorando las  actividades de su marido, y entre ellas su afiliación a una institución secreta, de corte espiritualista, que sostenía antiguos cultos y alimentaba ritos conjuratorios  de  la muerte. Juan Tiflis había transgredido los principios de la cofradía con su suicidio: el castigo al répobro será la mutilación de una mano al ca­dáver. La investigación generada por este suceso delínea  el perfil policíaco de la novela, pero con la diferencia de que el descubrimiento de la verdad no constituye un fin en sí mismo ya que no se trata de un crimen sino de un suicidio. En realidad, ese matiz policial se centra en la investigación, en la búsqueda de un culpable de algo relacionado con una muerte, hasta allí llegan sus alcances.  Inmediatamente , al sesgo policíaco se le superpone uno que podría calificarse de filosófico ya que, al plan­tear el problema del suicidio, interroga sobre la autonomía del hombre y su derecho a disponer de su vida y de su muerte, cuestión que la narrativa de Di Benedetto acostumbra a abordar aunque sea ésta la primera vez que gira en torno al suicidio, tema que despertó siempre polémicas institucionales, religio­sas, etcétera.

La segunda historia, entretejida minuciosamente con la primera, relata la experiencia amorosa del narrador-protagonista con Marcela, quienes hacia el  final hacen un pacto suicida, pero un día, al levan­tarse, el protagonista comprueba que Marcela llevó a cabo su propósito y como última voluntad le pide que él no lo haga.

En resumen, el texto propone y superpone dos lec­turas a partir de dos elementos que se intersectan: el primero se delinea en torno a las fotografías, mo­mentos en los que se abren los procesos de inves­tigación que sostienen el relato. Una copia da la realidad por medio de la imagen, es decir, las fotos, ofician como generador narrativo, como lo que desencadena el relato y sustentan la investigación; el discurso generado es la interpretación y adecuación, mediante el lenguaje a esa copia de un fragmento de la realidad  carporizado en las fotos. Es en este punto donde se ponen en  contacto  en contacto literatura y periodismo, o sea, en  la necesidad de dotar a la imagen de un relato que la haga inteligible, contacto entre dos códigos resuelto magistralmente en Los suicidas. El segundo elemento son los discursos que sustentan  o invalidan la cuestión del suicidio , tajeando el relato. Se destacan aquéllos que emanados de la historia, la religión, de la filosofía o de la ciencia, apoyaron o impugnaron el suicidio (se cita a Kant, San Agustín, los Evangelios, etc.); estos dis­cursos ofician, además, de sustento teórico a la pro­puesta final afirmando, por un lado, la universalidad del suicidio sin carácter coyuntural y, por otro lado, instando a su abstención.  Tal juego dual permite equilibrar los instintos de vida y de muerte que el desenlace de la novela balancea.

La  novela Los suicidas recibió la primera mención en el Concurso de novela Primera Plana - Editorial Sudamericana, por unanimidad del jurado que inte­graron Gabriel García Márquez, Augusto Roa Bastos  y Leopoldo Marechal. Según declaraciones del mis­mo Di Benedetto, su historia personal le otorgó la ma­teria narrativa básica de esta novela: "En la rama paterna imperaba el drama. Suicidios repetidos en todas las etapas. Lo he dicho con mucha claridad en Los suicidas, donde la historia de mi abuelo Antonio está contada, en parte, como personaje que allí se trata de un modo real. Uno de los hermanos de mi padre se suicidó luego de un largo periodo de pérdida de la razón. Las graves hostilidades fami­liares eran motivadas, casi siempre, por asuntos pa­sionales. Rivalidades que llegaban hasta el extremo de la muerte. O de grandes silencios". (Crisis, nú­mero 20, Buenos Aires, 1974).

Fuente: Prof. Ana María Zubieta- Prologo a Los suicidas, CEAL, Bs.As.,1992

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