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9 de julio de 2008

Resumen de Los cuentos de Canterbury de Chaucer


Análisis - resumen de Los Cuentos de Canterbury de Chaucer


El sistema de recopilar cuentos y enlazarlos por una idea central es uno de los procedimientos clásicos de la literatura universal. Las mil y una noches y el Decamerón son dos de los ejemplos más famosos. La colección más provista de unidad conocida con el título de The Seven Sages (Los Siete Sabios), era ya popular entre los ingleses mu­cho antes de la época de Chaucer. Es innecesario, en consecuencia bus­car un precedente especial o general de Los Cuentos de Canterbury. El tema estaba en el ambiente de la época en que había que contar cuentos y eran numerosas las peregrinaciones. La obra de Chaucer es incompleta, tanto en su conjunto como en las diversas partes de ella. Está bosquejada, pero no concluida. El único elemento claro de conexión que va desde el principio hasta el fin es la omnipresente personalidad del hostelero queda unidad de carácter a toda la obra incitando, criti­cando, admirando y denunciando, pero manteniéndose siempre en pri­mer plano. Se ha supuesto que las composiciones en pareados fueron escritas, o escritas de nuevo, directamente para la obra y que las versi­ficadas con otros metros y las en prosa fueron la parte adoptiva de la familia. Lo que es cierto es que los dísticos, especialmente los del Pró­logo son las más perfectos, variados y de mayor maestría en la versi­ficación que encontramos en el propio Chaucer o en cualquier escritor inglés hasta su época. Tampoco suelen ser superados por ningún mo­delo extranjero, salvo Dante.
El marco de la novela lo constituye una peregrinación al santuario de Santo Tomás de Canterbury. Finge el poeta que se encuentra junto con otros treinta peregrinos en la posada del Tabardo, en un suburbio de Londres. Estos peregrinos, cuyos retratos se trazan con sobrio acierto en el Prólogo son: un caballero, con su hijo, escudero y su asistente, una priora, una monja de oratorio con tres sacerdotes, un monje be­nedictino, un fraile mendicante, un mercader, un clérigo o estudiante de Oxford, un agente de la ley, un propietario rural, un mercero, un carpintero, un tejedor, un tapicero, un tintorero, un cocinero, un mari­nero, un doctor, una comadre de Bath, un párroco, un gañán, un molinero, un ecónomo de colegio, un administrador de bienes, un agente del tribunal eclesiástico y un vendedor de indulgencias.
Durante el viaje se une a la comitiva un canónigo con su paje. Todos aceptan la proposición hecha por el hostelero de que para pasar mejor el tiempo durante el recorrido, cada uno de los peregrinos narre dos cuentos a la ida y dos a la vuelta, que el hostelero sea el árbitro y juez, y que al regreso se dé una cena en la posada del Tabardo al narrador de los cuentos mejores.
De esta obra, que quedó sin terminar, han llegado hasta nosotros nueve fragmentos con veintiún cuentos completos y tres (Sir Topacio, narrado por el propio poeta, parodia de los libros de caballería y los cuentos del cocinero y el escudero) incompletos. El orden según el cual se sucedían estos diversos fragmentos es objeto de discusión entre los eruditos.

El cuento del caballero pertenece al género de la gran leyenda, relatado en dísticos heroicos. Este cuento lo tenía escrito Chaucer ya hacía tiempo, puesto que es una versión abreviada de la Teseida de Boccaccio, autor al que deja de imitar el inglés hacia 1387. Es su com­posición más perfecta en ,su manera italiana; revela un noble aleja­miento de los goces y dolores comunes de la humanidad, por lo que es muy apropiado para ser narrado por un perfecto caballero, cual es el que se nos describe en el Prólogo: un caballero en el que resaltan las cualidades del honor, la cortesía y la nobleza de espíritu; que ha to­mado parte en numerosas batallas -quince exactamente-, y ha viajado por toda Europa y el norte de África; que defiende la fe, observa las costumbres feudales y participa en numerosos torneos, en los cuales sale siempre victorioso. Además, es sencillo y humilde y nunca brota una impertinencia de su boca. El cuento narra el amor de Palemón y de Arcites, prisioneros de Teseo, rey de Atenas, por Emilia, hermana de Hipólito, reina de las amazonas y esposa de Teseo. Los dos rivales se la disputan en un torneo. Palemón es derrotado, pero Arcitas, en la cumbre de su triunfo, es derribado de la silla por la intervención de Venus y de Saturno y muere. Palemón y Emilia se unen, después de haberlo llorado. El relato está tomado de la Tebaida de Estacio, pero Chaucer hace de él un cuento lleno de amenidad y de perfección poé­tica. Cabe señalar que en éste, más que en ningún otro cuento, no acierta el autor a escapar a su época: la antigüedad se contempla a través del prisma de la edad media, por lo que se incurre en numerosos anacronismos, como el de hacer de Venus una santa y de su templo una iglesia, en la que entra exclamando: "¡Oh Cristo, que estás en el Paraíso!" -

Un gran cambio de tono se observa en el cuento siguiente, el del molinero. Este personaje, muy característico de la clase baja de la edad media, es un bribón que hurta grano y cobra por triplicado el precio de su molienda. Toca la gaita y su conversación es casi siempre obscena. El cuento se inspira en los "fabliaux" de tema grotesco. Hay en él un marido (el carpintero Nicolás) engañado con la predicción de un segundo diluvio universal y un amante (Absalón) que, pensando besar a su amada, besa en su lugar el trasero del carpintero y se venga quemándoselo con un hierro candente. También guarda analogía con "los fabliaux" el cuento del mayordomo. Dos estudiantes de Cambridge, Alano y Juan, son aligerados de parte del trigo que llevan por Simkin, molinero de Trumpington y se vengan en la mujer y en la hija del mismo y apalean al propio moli­nero. Está inspirado en el de Gombert y los dos clérigos y el relato se cuenta así mismo en Boccaccio IX, 6. El mayordomo narrador ha sido descrito como un viejo colérico, que domina el arte de su trabajo y es capaz de llevar las cuentas sin la menor equivocación, Temido por todo el mundo, paga puntualmente, pero nadie consigue sacarle más de lo que la ley permite. Más hábil que su amo en las transacciones, sabe cómo hacer para éste le viva agradecido y le pague sus favores.
El jurisconsulto, hombre inteligente y juicioso y que goza de buena
reputación, nos narra la historia de Constanza hija de un emperador cristiano, concedida por esposa al sultán a condición de que se con­vierta al cristianismo y abandonada después sola en una nave a la
deriva en alta mar por la perfidia de la madre del sultán. Siguen las peripecias de Constanza, modelo de pureza y de feminidad, su unión con el rey Alá, de quien tiene un hijo, Mauricio, su segunda odisea marina por la maldad de Donegilda, madre de Alá, su breve felicidad con su esposo, y su regreso junto a su padre en Roma, La fuente ori­ginaria de este cuento se halla en la crónica anglonormanda de Nicolás Trivet, escrita alrededor de 1335.
La comadre de Bath es una figura popular en la que se deposita todo el ingenio vigoroso, y a tatos brutal, que caracteriza a la sátira de la época contra las mujeres. Es dé una fuerza realista que no ex­cluye el humor más artístico; es atrevida, insolente, vanidosa, charla­tana y hace callar a todo el mundo; divaga antes de entrar en materia y esgrime incesantemente las mismas ideas. Demuestra que hizo bien casándose cinco veces y se jacta de haber acosado a sus maridos con re­primendas, con sus celos y sospechas. Su cuento va precedido de un prólogo, sátira magistral contra las mujeres y el matrimonio, puesto en su propia boca. Parece sacado, en parte, del Espejo del matrimonio de Eustache Deschamps. El cuento se remonta a una fuente irlandesa perdida y refiere cómo un caballero, para evitar la pena capital, es obli­gado en el término de doce meses a dar la justa respuesta a la pre­gunta de qué es lo que más agrada a las mujeres, y recibe la respuesta de una bruja vieja, con la condición de que se case con ella. Él accede con repugnancia, pero tiene la inesperada suerte de ver que la bruja se convierte en una agraciada joven.
El cuento del fraile repite un motivo común a otras muchas fábulas: que una maldición suele cumplirse. Un emisario del tribunal eclesiástico encuentra al diablo vestido de oficial judicial, el cual le confía qué métodos debe usar con los hombres. El emisario intenta sonsacar una dádiva a una viuda, que lo manda al diablo y el diablo se lo lleva, de acuerdo con la creencia popular.
Chaucer nos ha trazado un magnífico retrato del fraile mendicante narrador del cuento anterior. Apuesto y buen conservador, es uno de los pilares de su orden. Pide siempre donativos, obsequia a las damas y conoce las tabernas y posadas como nadie. Piensa que sólo de los ricos puede venir algo bueno y se muestra servicial cuando puede sacar provecho. Como réplica a su cuento sigue el del alguacil, grosera leyenda l que refiere los manejos de un fraile codicioso junto al lecho de un enfermo siendo al fin burlado el fraile.
El cuento del estudiante de Oxford parece una réplica al cuento de la comadre. Narra la historia de la paciente Griselda e invita en irónica despedida a las mujeres a dominar a los maridos y a hacerlos desgraciados, como la comadre la ha hecho con los suyos. Las últimas palabras del estudiante mortifican al mercader, recién casado, quien entona un lírico elogio del estado matrimonial y pasa a relatar el cuen­to siguiente.
Cuento del mercader. Trata del matrimonio de un viejo, Enero, con una joven, Mayo. El viejo se queda ciego, y la joven y su amante, Damián le engañan subiendo él a un peral y ella encaramándose sobre .los hombros del viejo y uniéndose con el joven entre las hojas del árbol. Platón devuelve la vista a Enero, pero Mayo, inspirada por Proserpina, sabe dar una respuesta pronta al viejo asustado al descubrir la treta: para devolverle la luz de sus ojos no había más remedio que unirse con un hombre en la cima de un árbol. Tras un intermedio representado por el novelesco "Cuento inacabado del escudero" vuelve, el terrateniente al tema del matrimonio con su cuento.
Cuento del terrateniente. El cuento anterior es una adaptación de la llamada "historia del peral", conocida en múltiples versiones y que se encuentra en el Decamerón, VII, 9. También en esa misma obra , figura el presunto cuento, aunque más que de la quinta narración de la jornada X parece tomado de la primera redacción que se encuentra . de ella en el Filocolo del mismo escritor italiano. Dorigena, esposa de Arvirago, que se encuentra ausente en viaje por el mar, para escapar de las insistencias del enamorado Aurelio hace depender su consentimiento de una condición imposible: que desaparezcan todos los escollos de la costa bretona. Conseguido esto por el arte de un mago, Aurelio, llevado por un generoso impulso, absuelve a la mujer de la promesa, la cual se preparaba a cumplir, con el consentimiento del marido que había regresado. El terrateniente, descrito como un discípulo de Epi­curo, rechaza lo mismo la opinión de la comadre que la apuesta, y se decide, en definitiva, por la mutua indulgencia y afecto de los cónyuges.
El médico domina bien su ciencia, sobre todo la cirugía, y un poco la astrología, por lo que sabe interpretar las estrellas. Famoso en su oficio, sus conocimientos se fundan en Averroes, Avicena, Esculapio, Hipócrates, Rufo.
Come frugalmente y le seduce el dinero. Pues este peregrino narra en el cuento del doctor la historiaa de Apio y Virginia, cuya fuente original está en el tercer libro del historiador romano Tito Livio; pero Chaucer debió inspirarse más bien en la versión del Roman de la Rase.
Curioso personaje es el bulero que peregrina. Porta su maleta car­gada de indulgencias acabadas de llegar de Roma. De aspecto afemi­nado nadie le iguala en su oficio; embauca con su desenfado a las gen­tes y les vende falsas reliquias sin ningún remordimiento.
El cuento del mercader de indulgencias va precedido de un sermón a guisa de prólogo, en que flagela los vicios de la gula, de la embriaguez, del juego y de la blasfemia, pero muestra también estar animado por aquella codicia que censura en los demás. De suerte que este prólogo resulta una auténtica sátira de los abusos eclesiásticos. El cuento, que ofrece analogías con uno del Novelino, cuenta cómo en tiempo de la peste tres jugadores embriagados van en busca de la Muerte, que les ha arrebatado a un compañero, para castigarla. Un anciano les dice que la encontrarán debajo de cierto árbol. Allí encuentran un tesoro y, mientras uno de los tres se dirige a la ciudad en busca de comida para celebrarlo todos, hasta que la noche permita desenterrar el tesoro, los otros dos se confabulan para asesinarlo y así lo hacen. Pero luego mueren también ellos, al beberse el vino que el tercero había en­venenado, movido de igual intención criminal para con ellos.
Un motivo folklórico sumamente conocido, el del "regalo del amante recobrado", es el tema del cuento del marinero. La mujer de un rico y avaro mercader toma un préstamo de un fraile: .Cien francos para comprarse vestidos. El fraile, a su vez, toma en préstamo la misma cantidad del mercader, que lo ignora todo, y con ella paga los favores de su mujer, y cuando el marido vuelve de un viaje le dice que ha restituido la cantidad a su esposa, la cual no puede negar haberla recibido.
El cuento de la priora es uno de los más perfectos de Chaucer desde el punto de vista artístico: repite la leyenda del niño de una viuda asesinado por los judíos porque cantaba el "Alma Redemptoris Mater", mientras pasaba por delante de la judería de Lincoln camino de la escuela. Es descubierto el cadáver porque de la garganta cortada sigue brotando aquel canto. La descripción de la priora, narradora de este cuento, en el Prólogo es en extremo deliciosa. Se trata de una mujer agradable y espontánea que jura a menudo con su frase característica "por San ·Eloy". Conocida como madame Englantine, sabe francés y es muy delicada en el comer, caritativa y trabajadora. Lleva sobre el pe­cho una medalla con la divisa Amor omnia vincit, inscripción un tanto ambigua, que lo mismo puede aplicarse al amor cortesano que al amor divino.
Viene a continuación el cuento de sir Topaz, narrado por el propio Chaucer, y que no gusta a los oyentes, lo que induce al hostelero a interrumpirlo para que cuente algo más animado. El poeta relata enton­ces el cuento de Melibeo, uno de los más extensos, en el que cita a autores clásicos como Ovidio, Catón, Séneca,Cicerón, además de a los padres de la Iglesia Agustín, Jerónimo y Gregario Magno. Su tema fundamental es la discusión tediosa y larga entre Melibeo y su esposa Prudencia sobre la mejor manera de tratar a los enemigos que nos han ofendido gravemente, que lleva a la conclusión de que lo me­jor es dialogar con ellos y dejar la venganza en manos de Dios. La fuente primera de este cuento es el Libro de consolación y consejo de Albertano de Brescia, pero Chaucer se sirvió de una paráfrasis francesa.
El cuento del monje es, en opinión de muchos, el primero que escribió el autor, el cual en un principio debía formar parte de una Leyenda de los buenos hombres, que el autor no escribió al abando­nar esta idea por la' de los cuentos. Muy parecido a las Desventuras de los hombres ilustres de Boccaccio, está sacado de los autores lati­nos, de Dante, de la Biblia y de la historia romana, y presenta una serie de biografías que abarcan desde Adán hasta personajes de los siglos XIII y XIV. El cuento del capellán de las monjas está influenciado por Chan­ teclair y por una versión perdida del Roman de Renart. La misma his­toria se encuentra también en María de Francia. Refiere cómo una zorra engañó a un gallo alabando la voz del padre de éste, y cómo el gallo consiguió escapar engañando a su vez a la zorra.
El cuento de la segunda monja trata un tema de la Leyenda áurea
de Jacobo de la Vorágine: la vida y martirio de Santa Cecilia y de su prometido Valeriano. El texto de Chaucer se aproxima más a una ver­sión de la vida .de la Santa, escrita en griego por Simeón Metafrasto.
Verdadera denuncia de la estupidez y bribonería de los alquimistas en el cuento del paje del canónigo. Acaso sea original de Chaucer y, en este caso, sería el único de creación personal. En él se reflejan los vastos conocimientos de alquimia que poseía el autor y, tal vez debido a cierto desengaño sufrido en este aspecto, ataca con dureza a los alquimistas.
La fábula de Ovidio cuento del adsobre Apolo y Carónides parece ser la fuente inspiradora del cuento del administrador, que saca a colación el mito del cuervo negro. Febo tiene un cuervo blanco que puede imitar el lenguaje humano' y por él se entera' de la infidelidad de su esposa. Airado, Febo la mata y después, lleno de remordimientos, le arranca al cuervo las plumas blancas, le priva del habla v lo manda al diablo: he aquí por qué los cuervos son ahora negros.
El párroco, perfecta antítesis del fraile mendicante, es un hombre pueblerino, bueno, sencillo y gran conocedor de los Evangelios. Sincero, paciente y sacrificado. Con poco se conforma y lo da todo para su pa­rroquia. Protege a los mendigos y considera que todo sacerdote debe
ser limpio de corazón y dedicarse preferentemente a los pobres. Todo
lo cual contrasta con aquellos miembros hipócritas e inútiles, cuales son
el fraile mendicante y el bulero. Su cuento no es propiamente tal sino
un sermón en prosa sobre los siete pecados capitales sacado de la
Suma de los vicios y de las virtudes del hermano Lorens. Con este sermón se cerraba el viaje de ida a Canterbury.
Chaucer fue uno de esos hombres que, al igual que Shakespeare, extraen de la lectura el máximo de aprovechamiento personal. Conocía a los autores latinos corrientes, en especial a Ovidio, que siempre fue uno de los más importantes en la literatura medieval; conocía la lite­ratura francesa e italiana y también las leyendas inglesas de que hizo la parodia en Sir Topaz. Era un hombre de genio creador y este don, Junto con las lecturas, le permitió llevar a la madurez el arte de escribir que había ido desarrollándose lentamente durante los dos siglos ante­riores a su tiempo.
Chaucer no es un ente singular. En el curso del progreso humano aparece de manera tan natural como Shakespeare. Como el de Shakes­peare, su humorismo es bondadoso y jamás cruel. Es tolerante y no se avergüenza; pero nunca toma la defensa del mal ni se burla de lo bueno. El humorismo, siempre presente en su obra, no puede pasar inadvertido y el exquisito y natural patetismo que lo acompaña ha sido reconocido incluso por aquellos que no han logrado valorar a este autor íntegramente. La benevolencia de Chaucer es inmensa.


Bibliografía utilizada: Prefacio a la edición de Editorial Porrúa , México,1992, a cargo de Raymond Las Vergnas

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